Por su parte, el peque, en plena edad de decir NO, llorar, gritar, "desobedecer", me pegaba y yo me ponía histérica, luego lo analicé y aunque algunas veces, si que "picaba", la mayoría eran con poca fuerza (aunque eso me daba igual), descubrí que lo que estaba dañado era mi interior, me estaba tambaleando por dentro y eso se estaba reflejando en él. Le gritaba, él se asustaba, lloraba y yo con él, no sabía que me pasaba, no podía dejar de gritar y después llorar, así estuve como una semana, que se me hizo eterna, se me juntó un mal momento personal y lo estaba enfocando en él, me sentía lo peor del mundo.
Me hacía daño, pensaba que le estaba haciendo daño a mi niño, que le crearía un trauma para siempre, que lo convertiría en un adulto que grita a sus hijos, que se pone histérico con las personas que quiere, me di cuenta de que me estaba haciendo polvo a mi misma y cuando ya no podía más, algo cambió en mi, empecé a relativizar, a priorizar y a sentirme mejor conmigo misma, me cambió el chip, yo lo busqué.
Hubo dos cosas esenciales que me ayudaron, muy sencillas y muy efectivas:
Hubo dos cosas esenciales que me ayudaron, muy sencillas y muy efectivas:
- Salir a dar un paseo dominguero en familia e ir un mercado de segunda mano, que me encanta. Ese día me compré unos pendientes con unos cuarzos rosas y una llave, los ví y pensé que me darían suerte y amplitud mental, aquella llave realmente abrió mi mente.